militantes del peronismo revolucionario uno por uno

ZAVALA RODRIGUEZ, MIGUEL 4

ZAVALA RODRÍGUEZ, Miguel Domingo.

Nació el 8 de julio de 1940 en la ciudad de San Luis, pero luego con su familia se radicó en la ciudad agrícola-ganadera de Azul, provincia de Buenos Aires. Provenía de una familia patricia. Su tío, Miguel Ángel Zavala Ortiz,  fue un importante político antiperonista afiliado al Radicalismo que no dudó, el 16 de junio de 1955, en ametrallar y bombardear desde un avión insurrecto, la Plaza de Mayo cubierta de inocentes, antes de refugiarse en Montevideo. Entre 1955 y 1971, Zavala Rodríguez,  residió en La Plata y allí se recibió de bachiller y abogado. En segundas nupcias se casó con Olga Cañueto y tuvo dos hijas. Como militante político tuvo su paso desde la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) al peronismo, y al sumarse a las acciones de la segunda Resistencia Peronista, a partir de 1958 y consumada la defección frondizista, abrazó la causa del Peronismo Revolucionario. Aportó con su inteligencia, su profesión y su militancia a la CGT de los Argentinos enfrentada a la dictadura de Onganía. Militante de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), el 23 de abril de 1969 fue apresado y brutalmente torturado, conjuntamente con Carlitos Caride luego de un enfrentamiento en que murió un oficial de policía. En 1975 fue uno de los fundadores con el “Negro” Andrés Framini del Partido Peronista Auténtico. Antes fue diputado nacional por el peronismo a través del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), pero debido a la traición de los sectores ortodoxos a las banderas históricas del peronismo y el alineamiento evidenciado por estos, detrás de la figura impresentable de Isabel Martínez, que ya preanunciaba un mayor grado de entrega del patrimonio nacional y una represión en ascenso; “El Colorado” Zavala Rodríguez –por su cabello pelirrojo, vale aclarar- formó un minibloque junto a su  compañero Leonardo Bettanin: ambos venían de Juventud Peronista, ambos eran Montoneros. Producido el golpe militar, siguió con más ahínco aún, su lucha desde la clandestinidad. El 22 de diciembre de 1976 llevaba a una de sus pequeñas hijas consigo para dejarla con la madre. Andaba por  la calle Lambaré al mil, en el muy porteño barrio de Almagro. Se vio rodeado, sin escapatoria. Como buen taita, vio que cartas le quedaban en el mazo y decidió no arriesgar, ir a lo seguro. Apartó a la chiquita de la línea de fuego y enfrentó a los infames, hasta provocar su propia muerte. Tenía muy claro que en su condición de secretario político de Montoneros no podía ni debía caer con vida. Y así fue. Lo acribillaron a balazos. En el momento de su muerte tenía 36 años. En el mismo operativo represivo, a la vuelta de la casa, se llevaron a su compañera Olga Irma Cañueto, quien nunca más apareció con vida. En el 2003 apareció un recordatorio para ambos firmado por Cristina, María Carmen, Susy y Hugo. Decía así: “A pesar de la violencia, del temor y del silencio; a pesar del intento de arrasarnos como generación, como país y como pueblo, no lograron borrarnos la memoria y el sentido. Por eso Ustedes están con nosotros: presentes, enteros, inalterables y son nuestra bandera e inspiran nuestra lucha. Hoy 27 años después, la voluntad de nuestro pueblo retoma la senda hacia un futuro justo y solidario para todos, abriendo finalmente el camino a la verdad, la justicia y el castigo a los criminales”.