militantes del peronismo revolucionario uno por uno

SILVA IRIBARNEGARAY, Mauricio.

Montevidiano. 51 años. De temprana edad entró a la congregación de los salesianos. Para 1970 se viene a la Argentina y aspirando compartir la vida de los más pobres sin privilegios de ninguna índole, abandona la anterior orden religiosa e ingresa en la Fraternidad de los Hermanos del Evangelio “Carlos de Foucald”. Hace su noviciado en La Rioja (1970) en tanto consigue trabajo como peón en una fábrica de ladrillos. Luego se va a Rosario (1972) donde recolecta deshechos con los cirujas de esa ciudad. Luego decide pasarse a una fraternidad en la zona de monte, en Fortín Olmos, cercano a Reconquista, provincia de Santa Fe, estando a su cargo una camioneta comunitaria perteneciente al sindicato de los hacheros de la zona. A mediados de 1973 baja a Buenos Aires y mediante el apoyo del socialista Simón “Gordo” Lázara, concejal del Frente Justicialista de Liberación Nacional (FREJULI) consigue un trabajo de barrendero en la Municipalidad de Buenos Aires. Mauricio instala una nueva fraternidad en un conventillo que compartía con varias familias en la calle Malabia. En su nuevo trabajo le tocó barrer las calles de Villa Devoto: disfrutaba con la primavera y andaba a las puteadas en otoño por la cantidad de hojas que permanentemente tenía que juntar. Su amor a su trabajo y su rectitud de pensar no pasó desapercibida para sus compañeros barrenderos, más aún cuando se sumó a la lucha de ellos para mantenerse en el estatuto de empleados municipales. Ya por entonces es un integrante más del grupo de “Cristianos para la Liberación”. Instalada la dictadura militar se quedó compartiendo la suerte de los pobres, de los humildes, de los perseguidos, hasta que él mismo, con 57 años, en la mañana de un frío 14 de junio de 1977, en tanto aseaba las calles Cervantes y Terrero de su barrio a cargo, fue subido por la fuerza a un coche Ford Falcon y secuestrado-desaparecido. Se sabe que sufrió terribles torturas en Campo de Mayo y luego fue “trasladado” a La Plata, donde se pierden sus rastros. A 25 años de este desgraciado episodio –en 2002- se presentó una iniciativa en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, por medio de Luis García Conde, para instaurar el 14 de junio como “Día del Barrendero”; una manera de homenajear a todos los que desarrollan ese trabajo y un recuerdo permanente para Mauricio Silva Iribarne Garay Kleber (tal su nombre y apellido completo) , quien dignificó y disfrutó este servicio público, con su escoba, pala y carretilla y dio su vida en defensa de la dignidad de esos trabajadores. Así mismo, una baldosa con su nombre y en su homenaje fue colocada por los vecinos en Magariño Cervantes y Terrero, Villa Gral. Mitre de esta Capital.