militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MORRESI, Norberto Julio.

El 23 de abril de 1976 cae en una “pinza” con su compañero de organización Luis Roberto. Era un control militar. Llevaban a la parroquia de la villa donde hacían trabajo social (ver más abajo), ejemplares del “Evita Montonera”. Ambos son secuestrados. Los mataron el mismo día. Cuando recuperaron su cuerpo, Norberto, tenía seis tiros en la cara disparados a muy corta distancia. Sus restos, fueron entregados a sus padres, después de 13 años, en julio de 1989. Como su hermano Claudio (jugador de fútbol profesional, militante de derechos humanos, funcionario en el área de Deportes en el gobierno de Kirchner), Norberto era bueno para la pelota y en Parque de los Patricios donde vivía, jugaba con su hermano en el “Bristol”, un equipo de baby futbol que goleaba a todos sus rivales. Pero Norberto dueño de una gran sensibilidad social, cambia los botines por la militancia, en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), las gambetas atrevidas por la ayuda a sus compatriotas necesitados que se hacinan en villas de emergencia. Llegó a ser famoso por las funciones de títeres que daba a los hijos de aquellas gentes. Además de ser buen estudiante ayudaba a alfabetizar a sus compatriotas en la Villa 21. Julio, su padre, era un peronista de alma, él también. Juntos fueron a esperar a Perón a Ezeiza el 20 de junio de 1973, juntos volvieron frustrados. Norberto con 17 años se recibió en el secundario con las mejores notas y dedicó su corta vida a ayudar a los demás hasta que lo mataron. Cuenta su padre que un día de mucho frío, Norberto volvió a su casa sin el pullover y la madre le preguntó dónde había quedado este: “Mamá, no te enojes, pero acá en la otra cuadra había un chico que estaba muerto de frío y se lo dejé a él. Yo tengo tres o cuatro”, le recordó, antes de darle un beso. Como exalumno del Colegio Nº1 “Bernardino Rivadavia” de Capital Federal, en su homenaje, hay un aula con su nombre. Y la Escuela de Educación Media Nº 1, a partir del martes 21 de mayo de 2013, cuando Morresi hubiese cumplido 54 años, llevará su nombre elegido por docentes, alumnos y la comunidad educativa en general. Cabe señalar y reproducir lo que se escribió sobre su tarea en la villa del Bajo Flores, en la Escuelita de Belén, según el libro  “Micrófonos para el pueblo. FM Bajo Flores” en el año 2008. “Los que hoy tienen entre 40 y 45 años guardan la memoria de ‘esos pibes y pibas de la JP’ como uno de los recuerdos más añorados de su infancia. Comprometidos pero alegres, trabajadores pero divertidos, tiernos y guerreros, exigentes consigo mismos y comprensivos con los demás. Ellos dejaron regados de mística los rincones del Bajo Flores. Ahí donde haya una fiesta, una lucha por la reivindicación de nuestros derechos, una obra en construcción, un grupo de jóvenes que quiere cambiar la realidad del barrio, una ayuda sincera, un apretón de manos, un abrazo y tantas otras cosas que hacen especial la vida de nuestras calles y pasillos, ahí mismo ellos están y estarán presentes. Fueron parte de los años de más brillo, antes que vinieran los tiempos oscuros. No existe cura, vecino o compañero que pueda recordarlos con más de tres frases. Su recuerdo produce silencios y lágrimas. Casi todos ellos se encuentran desaparecidos. Se los extraña porque se los necesita. Se los necesita porque eran los mejores”.