militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MILITO, Raúl Enrique.

“Toto”. Tuvo una infancia y adolescencia fecunda y creativa. Creció en medio del afecto de una numerosa familia de formación cristiana en el barrio de la entonces 6ta. de Rosario. Estudió en el Colegio Sagrado Corazón de Rosario. Su paso por las aulas es recordado por su compromiso, inteligencia y sentido del humor. Desde sus primeros pasos fue un hábil dibujante, creando personajes como ‘Simón’. Cayó con 26 años. Estudiante de Arquitectura. Fundador de agrupaciones estudiantiles, primero de UEL-UNE. Luego miembro de la Conducción Nacional de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), como delegado de la Regional II en Rosario. Roberto Atencio ex militante de JUP y Montoneros lo recuerda como un muy buen orador en las asambleas estudiantiles. Participó de la reorganización de la JUP de Córdoba, tarea donde lo sorprendió la muerte. En la calle Sucre 1826, del Barrio Alta Córdoba en la provincia homónima, el 21 de agosto de 1976, a las dos de la madrugada, mueren en combate enfrentando al Ejército cipayo al mando del General Luciano Benjamín Menéndez, tres compañeros peronistas y montoneros: Néstor Enrique De Breuil, Silvia Esther Bianchi  y Raúl Milito. Estos dos últimos además eran pareja y fueron ultimados junto a su hija/o por nacer. (Ver sus respectivos registros). En un nuevo aniversario de la muerte de ambos, en 2001, entre doscientas y trescientas personas se reunieron para recordarlos en Rosario, lugar original de su militancia universitaria y política. Contaba una compañera que los conoció muy bien, que en el ámbito de la universidad un día se cruzaron en un pasillo y “Jaimo” (como también le decían a Rául Milito) que era un joven muy buen mozo, entrador, inteligente, capaz, que tenía a todas las minas detrás suyo, le preguntó a Silvia ¿Cómo andás? Y Silvia sin rodeos le contestó “Mal”. Ahí él se paró en seco y le dio una cita para más tarde. Ese fue el comienzo de la pareja y la relación amorosa que los tuvo como protagonistas y los unió hasta la muerte; como cuenta Irene Bucco de Debreuil, la única sobreviente de aquella madrugada trágica de explosiones y disparos: “Nos tiroteaban desde atrás y escuchaba a los compañeros correr a mi lado. Me pareció ver milicos al frente, justo en la esquina. Yo doblé, pero creo que Raúl y su compañera no. La imagen que tengo, y no puedo saber si es real o producto de mi imaginación, es los dos tomados de la mano, corriendo y cayendo. No escuché absolutamente ningún grito de que se entregaran, tampoco me parece posible. No era para nada las características de ellos....”.