militantes del peronismo revolucionario uno por uno

LAGRUTTA, Carlos Fernando.

Nació el 3 de noviembre de 1947. Su amigo Hugo Milito me acerca una reseña perfecta de la historia de vida de Carlos Fernando Lagrutta, que pongo a consideración de los lectores. “Fue un compañero de raíz original cristiana, que muy tempranamente empezó su militancia política y su compromiso social. De familia de clase media muy conocida y respetada en Rosario en el ámbito de la actividad comercial, Fernando estudia en el colegio La Salle. Muy temprano, quizás influenciado por los hermanos lasallanos, por algún profesor revisionista, por su cuna y por la efervescencia del país, se fue vinculando en charlas con sectores nacionalistas. Ya promediando la secundaria, se advierte su condición de líder. Alrededor de él se nuclean muchos compañeros y participa de la Juventud Estudiantil Católica (JEC). Desde esa actividad tiene encuentros nacionales y conoce a varios protagonistas y ‘cumpas’ de la futura Juventud Peronista; participando además de un campamento con el cura Carbone –asesor nacional de la JEC- en Bariloche. Pero su compromiso excede ese estrecho marco y pronto, con aproximadamente 15 ó 16 años, funda con otros compañeros el Instituto Social Cristiano de Estudio y Acción Política (ISCEAP), entendiendo que el estudio y la acción tienen que ser profundos, con contenido nacional, popular y revolucionario, de cara a un cambio profundo en la sociedad y en el país. Este instituto inicia sus actividades públicas en 1964, con una escuela de formación de dirigentes, con cursos de 4 años, escuela para secundarios, un departamento de cultura con charlas, cine, debates, revista, etc. Allí Fernando fue el más destacado compañero. Fernando articulaba su vida alrededor de esta actividad que era el motor de su rigurosidad. La artesanía con que esculpía su vida, se trasladaba como modelo en la exigencia colectiva. Su capacidad par aproyectarse más allá de lo inmediato, generaba en reuniones, plenarios y asambleas, la idea que ‘algo no dicho, algo rumiado o sabido, quedaba en el tintero’, lo que le servía para ir generando distintas estrategias, pensando en un universo más general, menos inmediato que lo que se decidía puntualmente. Esta actitud de su parte, esa manera intelectual de obrar, fue la que le valió el sobrenombre de “El Oscuro”. El golpe del ’66 (Onganía) y la ‘Noche de los Bastones Largos’ encuentra el ISCEAP encerrado en sí mismo y falto de articulación con otras expresiones antidictatoriales. Un grupo de jóvenes (algunos de ese instituto y otros de la ex Juventud de Acción Católica), echados por el arzobispo Bolatti de las filas de la Iglesia por tercermundistas y revolucionarios, deciden, invitando a todos los cristianos que quieran participar a crear agrupaciones, movimientos antidictatoriales en el ámbito en que cada laico esté actuando. Así surge en la Universidad de Rosario, la Unión de Estudiantes del Litorial (UEL) que posteriormente a nivel nacional crea la Unión Nacional de Estudiantes (UNE). Fernando, algo reticente al principio en el cambio de espacio político, más tarde se convence y pasa a ser un dirigente ‘esencial’, en lo que se llamó el ‘movimiento’, que fue el conjunto de compañeros que desde lo sindical, estudiantil, político, gremial, barrial, cultural, confluían en una misma propuesta. Concretamente empieza a militar en la Facultad de Ingeniería, donde poco antes de recibirse fue suspendido con otro compañero, por dos años por el rector Luis Cantini ligado a la dictadura militar. Desde esta posición se fue participando activamente, como una de las fuerzas principales, en la CGT de los Argentinos y en una Comisión de Movilización, siendo Fernando el principal operador de su grupo de pertenencia. Desde este lugar se participó de los dos rosariazos y se acompañó a la CGT (Quagliaro) en solidaridad militante con las luchas de Chaco y Corrientes en el momento del fusilamiento de Cabral. En reuniones y contactos con otras organizaciones, se vio la posibilidad de crear un peronismo alternativo o de base en lucha, como forma de organizacion superadora. Un punto bisagra en el país y en Rosario es el secuestro y desaparición de ‘Tacuarita’ Brandazza,  que a él lo encuentra como un lúcido interprete de la realidad coyuntural y en activo gestor de las medidas a adoptar en la nueva etapa que se avecina. A partir de aquí, los tiempos fueron distintos y ya los viejos odres no pueden contener la nueva realidad, habiendo por lo tanto, redefiniciones en la militancia. Fernando y su compañera Nani (Ana María Carlino; ver su reseña), después de haber estado detenidos algunos meses los dos, se integran junto con otros compañeros a la Juventud Peronista y Montoneros; articulan con el cordón fabril petroquímico de zona Norte de Rosario, se ‘desclasan’ y asientan en una villa en Campana, provincia de Buenos Aires”. El 12 de abril de 1975 cae en combate en esa ciudad, luego de expropiar un camión cerealero en apoyo al conflicto de Villa Constitución. Como oficial montonero era conocido con el sobrenombre de “Pablo”. Dejó una hija de nombre Celina y de tan solo 9 meses de vida por la que sentía adoración. El compañero Víctor Paulón mítico referente de lucha en Villa Constitución y dirigente de la UOM, escribió un largo poema en honor a Carlos Fernando Lagrutta que concluye de este modo: “Los años nos volvieron cautivos del recuerdo/Por eso convocados al sol de tu memoria/Quisieramos decirte en lenta letanía/Tu vida es un ejemplo, sos parte de la historia/Tus sueños y los nuestros se mantienen despiertos/A la hora precisa en que emprendiste el vuelo/Tu imagen no envejece, tus ojos siguen viendo/En cada rebeldía, en todos los encuentros/Fernando nuestro amigo, por siempre Compañero”.