militantes del peronismo revolucionario uno por uno

FACCHINI, Everardo.

 

“El Negro”. Falleció el 30 de marzo de 2005. Ilustra esta reseña una carta suya manuscrita enviada a “Rulo” Depablo poco antes de su deceso en referencia a la vieja militancia peronista en el lugar. Everardo fue sinónimo de “Resistencia Peronista” en Punta Alta, provincia de Buenos Aires, zona infectada de “gorilas” y marinos. A los 16 años fue secretario de la primera Unión de Estudiantes Secundarios (UES)  en el Colegio Nacional anexo Comercial y Normal de esa localidad bonaerense. Desde ese mismo ámbito educativo y aprovechando la existencia de un mimeógrafo, clandestinamente, confeccionaron y luego repartieron profusamente, el primer panfleto de repudio a la “Revolución Libertadora” en el mismo septiembre de 1955: decía, “¡Perón y Evita! Que se vayan los golpistas”. Desafiaron el toque de queda. Fueron descubiertos como autores del volante y Everardo fue apresado. Nuevamente cayó en cana el 17 de Octubre de 1957 por infringir el decreto ley 4161 que prohibía nombrar “al tirano depuesto”. Para octubre de 1962, el General Perón respondió de su puño y letra (“Declaración de Punta Alta”) la carta que unos días antes le había llegado en nombre de la Juventud Peronista y el Partido Justicialista de aquel sitio, escrita, previo consenso, por “El Negro” Facchini. En ella se cuestionaba la lealtad de los sectores oportunistas y vandoristas del peronismo. Un poco antes también por iniciativa de Facchini y otros compañeros, salió en el ámbito local el periódico “Resistencia” abocado a enfrentar al gobierno de Frondizi, que llevaba adelante el desguace de los ferrocarriles y el encarcelamiento de los obreros del riel que se defendían del atropello con paros, huelgas y sabotajes. Tomar conciencia de todas esas luchas, sumado a la lectura y reflexión permanente de que hacía gala, llevaron al “Negro” a formar parte de la Tendencia Revolucionaria del Peronismo, a apoyar codo a codo con la Juventud Peronista (JP), la campaña del “Luche y Vuelve” y luego a ser blanco de la derechista y asesina Triple A, que no lo pudo matar porque lo encarcelaron antes. Facchini mantuvo estrecha amistad con los sindicalistas Jorge Di Pascuale y Andrés Framini, con el historiador Fermín Chávez y con los referentes de J.P. Dardo Cabo y Juan Carlos Dante Gullo. Tras la “Masacre de Trelew” en agosto de 1972, como abogado se dio a la tarea de organizar la protección y defensa de los sobrevivientes que habían sido hospitalizados nada menos que en la Base Naval de Puerto Belgrano. También como letrado defendió en juicios a sindicatos y organizaciones populares (UOCRA, CGT A, Gremial de Abogados,  Empleados de Comercio de Punta Alta, FOETRA, ferroviarios, etc.). Luego del triunfo peronista en la elecciones de marzo de 1973, con Víctor Benamo como rector en la Universidad Nacional del Sur (UNS), ocupó el cargo de Secretario de Bienestar Universitario y al poco tiempo fue Secretario Jurídico en la Facultad Regional “Felipe Vallese” de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) en Bahía Blanca. Con la nazifascista “Misión Ivanisevich” en los claustros universitarios debió renunciar a todos sus cargos. El enfrentamiento con el (des) gobierno de Isabel fue motivo de su privación de libertad en la cárcel de Villa Floresta y luego en Sierra Chica. Pocos días antes del golpe del 24 de marzo de 1976 obtuvo la opción para salir del país. Exiliado en Perú, tras el golpe de Estado en contra del general Juan Velazco Alvarado en aquel país incaico, recibió asilo en Suecia. Volvió con la democracia. Todos sus compañeros de militancia y sus amigos lo recuerdan como un tipo excepcional. “El Negro tenía carisma tanto en el trato personal como desde una tribuna, con una oratoria entusiasta y convocante que progresivamente subía de tono y de fuerza ofensiva, y que la gente aplaudía con todo. Everardo siempre fue generoso en los gastos, él pagaba y esto es algo que hizo de por vida. Solía decir ‘mientras haya plata la gastamos’ y cuando no, daba igual. Nunca fue interesado, ni le movían las formalidades de conveniencia. El trato era sincero, aunque de tanto en tanto, salía con algún bolazo como para amenizar los encuentros; jarana que hacía reír a carcajadas. Además, para el fútbol, el tango y las mujeres, tenía talento y precisión”.  Chau Negro, hasta la victoria siempre…