militantes del peronismo revolucionario uno por uno

BOERO, Oscar Ramón

“Salvador”. “Vasco”. Oriundo de Santa Fe, nacido en la localidad de Santa Clara de Buena Vista, un pueblo de la cuenca lechera. Eran 8 hermanos. Cuando su padre vende el pequeño campo familiar se va a vivir a la ciudad capital santafesina y se afinca en el barrio de Guadalupe Oeste; allí ponen un almacén. En el Seminario de Guadalupe concluye su secundario. Al terminar ese ciclo ingresa a la Universidad Católica Argentina (UCA) de esa provincia. Tenía 25 años. En Santa Fe, fue trabajador metalúrgico en la fábrica italiana de automóviles Fiat; trabajo que le consiguió el cura Serra. Pasa a formar parte de la comisión interna gremial en dicho establecimiento automotriz. Su hermano Horacio lo describe así: “Era muy temperamental, con una gran ansia de justicia. Era un militante riguroso. En una oportunidad tenía en su casa dinero de la organización y fue capaz de quedarse sin comer por no tener autorización para disponer del dinero. Esa rigurosidad obedecía a su compromiso militante y a la disciplina interna que mantenían los compañeros. Generoso, compartía lo mucho o poco que tenía. En una oportunidad que se necesitaba sangre para una joven con una grave enfermedad, dio sangre dos días seguidos con el riesgo físico que eso representaba”. Su familia también se comprometía. En su casa paterna, en noviembre de 1972, con motivo del Congreso de la Juventud Peronista, durmió toda la conducción nacional de la J.P. Siguiendo en el tiempo, en un momento, descubierto en sus actividades políticas, debió pasar a la clandestinidad, buscando refugio en la Zona Oeste del Gran Buenos Aires. Va a Ezeiza con sus hermanos en 1973 a recibir a Perón. Combatiente montonero (oficial 1º), conducción de la Columna 27 Corrientes-Misiones. Caído en el asalto al Regimiento 29 de Infantería de Monte en Formosa, el 5 de octubre de 1975. Para esa acción portaba un documento falso a nombre de Emilio Chiocca. En la noche de esa misma jornada, su casa es destruida con explosivos, por los milicos escondidos detrás de fachada de la Triple A. Su compañera había huído antes con sus hijos. Por decisión del juez de Primera Instancia Leandro Costas,  que atendió en la causa, sus restos no fueron devueltos a sus familiares, sino  enterrados con una topadora en una fosa común creada a tal efecto, en el Cementerio Norte de esa localidad litora leña. Boero tuvo dos hijos (Fernando y Susana) que actualmente residen en España.